sábado 5 de noviembre de 2011

Die Andere Seite

Jede Nacht besucht uns ein Traum

Todessprung

Pocałunek

Unbetitelt

Rutschigkeit

"Die Dame auf dem Pferd"

Entsetzen

Der letzte König

Y ahora hablemos un poco de la población. Integrada por tipos muy bien diferenciados unos de otros, los mejores entre ellos poseían una sensibilidad sumamente fina y casi diríamos, exagerada. Una serie de ideas fijas, aunque no del todo obsesivas, como la manía de coleccionar y de leer, el demonio del juego, cierta hiperreligiosidad y otras de las mil formas que suele revestir la neurastenia refinada, parecían haber sido creadas ex profeso para el Reino de los sueños. Entre las mujeres, la histeria era una de las manifestaciones más frecuentes. Por su parte, el pueblo también había sido elegido teniendo en cuenta cierto tipo de anormalidades o imperfecciones en su desarrollo. Extraños casos de alcoholismo, gente descontenta consigo misma y con el mundo, hipocondríacos, espiritistas, temerarios rufianes, insatisfechos que andaban en busca de emociones y aventureros viejos que trataban de hallar la paz, prestidigitadores, acróbatas, refugiados políticos y hasta asesinos buscados en el extranjero, falsificadores de moneda y ladrones: todos hallaban gracia ante los ojos del Amo. 

Se daban casos en que incluso una característica física que saliera de lo común podía motivar una invitación al País de los sueños. Ello explicaba la gran cantidad de bocios descomunales, narices arracimadas y gigantescas jorobas que allí se veían. Finalmente, había también un elevado número de personas que, debido a su oscuro sino, habían adquirido rasgos psíquicos bastante extraños. Sólo después de continuos y graduales esfuerzos logré discernir los profundos matices caracterológicos que solían ocultarse bajo una apariencia anodina e intrascendente.
A. Kubin 

9 comentarios:

  1. A medida que iba leyendo este fragmento, y viendo las ilustraciones, parecía estar inmersa en uno de esos sueños extraños que rara vez se producen, pero nos dejan su impronta marcada por mucho tiempo... tal vez para siempre.

    Pero según iba avanzando, he llegado a pensar (seguramente fuera la intención de Kubin?) que esa "Otra parte" no está tan lejos; que esa suerte de "inframundo" se manifiesta a hurtadillas en lo cotidiano. Se forman subgrupos, en la sociedad, las personas se arraciman, se hermanan, se asocian, consciente o inconscientemente, según se identifican o reconocen, a través de esos "profundos matices caracterológicos que solían ocultarse bajo una apariencia anodina e intrascendente"

    Gracias, corazón, y un abrazo grande-grande. Cuánto "m'aprendo" contigo.

    Me ha alegrado mucho ver que activabas el botón de nuevo...

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  2. querido primo:
    igo sin entender un carajo, lo cual me importa un pimiento, lo cual a su vez a ti te ha de importar dos.
    A lo que íbamos, corazón, este es un texto hecho a mi medida, pues las locuras y deformidades del sueño forman parte de mi existencia real, y poco más o menos tu texto me viene a decir que no soy incomprendida alguna, ni tú tampoco, el gran Amo nos protege de la desviación que la realidad hace sobre nosotros, a Dios (Amo) gracias

    Sin otro particular dejo mi misiva para años perecederos y espero muchos posteriores, no escribas tanto se te da mucho mejor la imagen, jajjajajaj.

    Besicossssssssssssssss.

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  3. Sebastian KnightNov 6, 2011 04:53 PM

    Parece haber una ley de extraña armonía en la situación de un encuentro
    relativo al primer amor adolescente de Sebastian en tan estrecha
    proximidad con los ecos de su último, oscuro amor. Dos modos de su vida se
    interrogan mutuamente y la respuesta es la vida misma, y esto es lo más
    cerca que podemos llegar de una verdad humana. El tenía dieciséis años y
    ella también. Las luces se apagan, el telón se levanta y aparece un paisaje
    ruso, en verano: la orilla de un río, a la sombra de los frondosos abetos que
    crecen en la escarpada ribera y que casi proyectan sus siluetas en la orilla,
    baja, soleada y amable, con flores de caña y hierba argéntea. Sebastian, sin
    sombrero, al aire su cabeza casi rapada, con la camisa de seda
    adhiriéndose a sus omoplatos o a su pecho, de acuerdo con sus
    movimientos, rema alegremente en un bote pintado de verde brillante. Al
    timón está sentada una muchacha: pero dejémosla acromática, una mera
    silueta, una sombra blanca que el artista no ha llenado de color. Libélulas de
    color azul oscuro vuelan lentamente en todas direcciones y se posan sobre
    las anchas flores acuáticas. Nombres, fechas y hasta rostros han sido
    grabados en la roja arcilla del barranco, de cuyos agujeros entran y salen
    veloces lagartos. Los dientes de Sebastian relumbran. Después Sebastian se detiene, mira hacia atrás y el bote, con un sedoso giro, se desliza entre la
    maleza.
    —Eres una tontuela —dice.
    Cambia el cuadro: otra orilla del río. Un sendero lleva al borde del agua, se
    detiene, vacila, rodea un banco rústico. No es el atardecer aún, pero el aire
    está dorado y las mosquillas se entregan a una primitiva danza nativa en un
    rayo de sol, entre las hojas de álamo que al fin están inmóviles,
    absolutamente inmóviles, olvidadas de Judas.
    Sebastian está sentado en el banco. Lee en voz alta unos versos ingleses
    de un cuaderno negro. De pronto se detiene: un poco a su izquierda, la
    cabeza de una náyade pelirroja asoma del agua, arrastrando lentamente
    las largas trenzas que flotan tras ella. Después la bañista desnuda emerge en
    la orilla opuesta, sonándose la nariz con ayuda del pulgar: es el sacerdote de
    la aldea, que lleva el pelo muy largo. Sebastian sigue leyéndole a la
    muchacha que tiene junto a sí. El pintor no ha llenado aún el espacio en
    blanco, salvo el brazo tostado, estriado desde la muñeca hasta el codo por
    un vello luminoso.

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  4. Como en el sueño de Byron, el cuadro vuelve a cambiar. Es de noche. El
    cielo está vivo de estrellas. Años después Sebastian escribirá que mirar las
    estrellas le producía una sensación de náusea y temor, como por ejemplo
    cuando miramos las entrañas de un animal descuartizado. Pero por el
    momento no se ha expresado este pensamiento de Sebastian. Está todo muy
    oscuro. Nada puede distinguirse de lo que posiblemente sea la avenida de
    un parque. Masas negras, masas negras y, en alguna parte, el grito de un
    búho. Un abismo de negrura donde, súbitamente, se mueve un pequeño
    círculo verde: el cuadrante luminoso de un reloj (Sebastian desaprobaría los
    relojes en sus años de madurez).
    — ¿Quieres irte? —pregunta su voz.
    Un último cambio: un vuelo en forma de V, la migración de las grullas. Su
    tierno lamento fundiéndose en un cielo azul turquesa, alto sobre un bosque
    oliváceo de abedules. Sebastian no está solo. Está sentado en el tronco
    blanco y ceniciento de un árbol caído. Su bicicleta descansa, centellean sus
    rayos entre los frenos. Una mariposa revolotea y se posa en el manubrio,
    agitando las alas aterciopeladas. Mañana, regreso a la ciudad; las clases
    empiezan el lunes.
    — ¿Es el fin? ¿Por qué dices que no nos veremos este invierno? —pregunta
    Sebastian por segunda o tercera vez.
    No hay respuesta.
    — ¿De veras crees que te has enamorado de ese estudiante?... vetovo
    studenta?
    La figura de la muchacha sentada en blanco, salvo el brazo y una mano
    breve y tostada que juega con un inflador de bicicleta. Con el extremo del
    mango escribe en la blanda tierra la palabra yes, en inglés, para hacerla
    menos dura.
    Cae el telón. Sí, eso es todo. Muy poco, pero conmovedor. Nunca más
    podrá preguntar Sebastian a su compañero de banco: «¿Cómo está tu
    hermana?»

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  5. Tampoco podrá preguntar a la vieja Miss Forbes, que de cuando en cuando reaparece, por la niña a quien también daba lecciones. ¿Y
    cómo podrá recorrer los mismos senderos el verano próximo, y observar el
    ocaso y la bicicleta yacente junto al río? (Pero el próximo verano habrá de
    consagrarse casi exclusivamente al poeta futurista Pan.)

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  6. Demasiado tiempo sin saber de ti primo, espero estés bien
    Un beso.

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  7. Que tengas un dia especial. Felicidades.

    Un beso.

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  8. No te preguntaré donde estás... lo he adivinado al ver el salto de la muerte. Espero que el Rulo te trate bien tal día como hoy (una a mi salud) si es que has conseguido escapar del felpudo abductor (creo que es de los que hacen chupón)

    Aún no oigo el trote de cartón, pero sé que falta poco (compré unos arreos Loquillo-look)

    bbb

    te quiero, compadre

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    Respuestas
    1. Te quiero.

      Gracias 46.

      Un beso.


      ........ Encarna; ni idea de quién podrías ser... pero obvius, merçi.

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