
CEESEPE
La descubrí en una librería portuguesa. Entré sin motivo aparente, no quería comprar un libro ni un tiralíneas, ya soy arquitecto; entré por la cobriza de sol que vendía los libros detrás de un expositor de postales en colores de la playa y del parque natural de Sintra Cascáis, una delicia; peregrine usted querido lector, verá faros alumbrando brumas en verano y casas de ricos cascajos; bellos los palacios, escalofriante el dinero viejo. La vendedora, de nombre Açucena, regía una librería de noche, algo que nunca había visto, merodeé dos minutos mirando sin ver (el mirón Tom), a través del cristal, libros borrosos, sólo veía morena y, entré. Boas noites, dije sonriendo, recordé que una Boa me comería a mí si entraba a saco con la chica, recáteme usted, me dije; seguí andando por el suelo y me paré delante de un libro que había escrito un señor negro de Nueva York, sí, el escritor Walter Mosley del que os quiero hablar en ufanos, alegres renglones: Es negro. Seña de identidad como otra cualquiera, pero reconozco que pocos escritores llegan a mí afroamericanos y ninguno que su madre sea blanca judía, que imparta clases en la universidad de Nueva York, escriba en los periódicos más prestigiosos de la ciudad, obtenga premios hasta de la ciudad que lo vio nacer, Los Ángeles, extraño esto también, y que haya escrito más de veinticinco libros que van desde el ensayo a novelas para adolescentes, los relatos y la novela negra… alegría acabada. Miro de nuevo a mi flor portuguesa y, por entretenerme en el enfoque cultural, ya se sabe, ningún culturillas fue jamás bien tratado por los compañeros de clase, nunca más volveré a ver a la librera de noche Açucena, debió de cumplir su turno aquella luna y no escuché la campanilla enfrascado en el NY moreno de Los Ángeles propiamente dicho. Siempre, no sé el por qué, no me lo pregunten, cuando te quedas golpeado y con el trofeo de Carabobo te llevas dos dedos a un ojo y haces como que te pica o si es de cristal te lo sacas y lo pones del revés que es de otro color, para seguidamente tocarte los pelos de la frente o subirte un poco el pantalón; yo, fui a bajármelo un poco más, un simple ajuste de maniático de las caderas y mirando el cristal de la puerta decidí salir de aquella ilusión de fiebre que me había dado.
No, no querido lector (bis), no salí de allí así, una nueva librera se atusó la melena negra frente a mis pantalones caídos en la cintura y me saludó en castellano, venezolano dijo que era su acento y me llamo Godiva; una mujer joven y risueña. Estábamos hablando de autores, describamos la primera nota sonora: con unos ojos verdes como el agua del Orinoco, la nariz pequeña y ancha pero dotada de hermosura, los labios semiabiertos por eternidad rojos oscuros y el lóbulo de la oreja pequeño, casi inapreciable, lo dejó a mi vista cuando se recogió la melena por detrás de él, sonrió, yo parado, los dientes blancos y alineados, creo que encima de mi trozo de espalda ¡uffff! caprichoso destino . Las tetas redondas y generosas Afrodita "A" bajo una cachemira violeta, y sus jeans reventados por las caderas, nada antiestéticos, no, agarraban belleza, rotundas, de las que te ponen y deseas tocar para apartar a la que nos impiden el paso, esa tentación que vive en ellas y tenemos que tocarla aunque perdamos los piños en el intento, atesorando unas piernas redondeadas y fuertes, acero alemán pensé. “Zwischen meine Beine wie im deutschen” y la mente como una centramina jugosa del 81. Me preguntó si quería algo más interesante, después de la experiencia con Mosley, asentí con la cabeza, me dijo que la siguiera, yo sigo a todo lo que se menea, abrió la puerta y me metió en la trastienda. Cerró tras de mí y setenta coreanos allí adentro apostaban al gallo ganador, fumando como solo ellos saben hacerlo, es decir, fumando y hablando sin ahorrar medio grito. Los gallos de mucho presupuesto y bajo mantenimiento con alas blancas cortadas, espolones como medio cuchillo de largos; los dejamos atrás y ahora la puerta de la pared del lado derecho. Entro, chicas y chicos postsoviéticos muy elegantes sentados en mesas bebiendo champagne francés, un sofá grande mullido y blanco, nos sentamos y me habla de té de canela, de vasos transparentes, onza de láudano y de amor futuro y presente. El humo the corean y el vapor del opio distorsionan la atmósfera dentro de mis percepciones, el placer… Abro la puerta de mi casa y un garçon me da una carta sellada desde el Orinoco en la que se puede leer todo lo que acabamos de compartir en este pliego queridos amigos, qué sería de mí sin vosotros (las venezolanas no te mandarian un niño ni en mil años, ésta es diferente, me quiere), y que el niño es una copia perfecta de su padre… Entra hijo, le convido. ¿Crees en Dios? Pues déjalo en la puerta, aquí vivo yo, siéntate… ¿una copia, grgrgr? regalo de los dioses....
Feliz regreso de tu averno, cabronazo maravilloso y apostador en ruleta de doce tiros. ¿O el Averno más triste era lo que nos dejaste con tu ausencia? ¿O es el Averno lo que prometes al compartir letras y ungüentos literarios?
ResponderSuprimirComo siempre corren tus letras a un ritmo frenético, savia en xilemas, mucílago péctico atrapando voluntades, y como siempre, llegas, ves, miras, hipnotizas, vences y convences. Vini, vidi, vinci, laureado francés de letras pardas e historias in blue.
Preciosismo en tus formas, regalando cadencias en flor, ¡será que es primavera!.¿Era primavera en tu librería? Es que, como germinaste, jejejeje. Aunque más bien era verano tropical, jejejeje.
No conocía yo otro peligro en las librerías que el puro dolor del erial en que queda mi peculio (peligro real, pues sólo entrar por la puerta me invade una fiebre consumista enfermiza), pero ya veo que hay que andarse con ojo si aparece algún librero con ritmo caribeño en las venas (y cuerpo dorado en soles de arena blanca y aguas poco profundas en reflejos esmeralda.... Por cierto... ¿cómo es que se llamaba la librería?) En tu caso, y a consecuencia del ritmo, (y de que tiran más dos buenas tetas que dos carretas, seguro, y más si las tetas son tales como las godivianas, que eso, de por si, ya es livinidoso) te auguro que el gasto se va a incrementar, y no en papel, aunque sí en celusosa, jejeje. Pero bueno, no te agobies, a Dios lo has dejado fuera (uno menos a consumir)
Sé feliz, tú y toda tu descendencia, jejejejeje
Un beso, tierno gabacho (ah, no, jodio, era un beso tierno, gabacho, jejejeje)
Yo pensaba que diversificar el negocio era otra cosa, pero se ve que la papelería erótica no es suficiente… ¡Qué bueno Francisco! Tus ensoñaciones son cada vez más reales. Estos portugueses son capaces de cualquier cosa, te lo digo yo que los tengo al lado como tú, que te metes en una tienda de toallas y sales a la grupa del caballo de Lady Godiva, saludando y con el “obrigado” como una iluminación en la cara, la misma que le debió quedar a la reina Isabel (Santa) al abrir el regalo lleno de gente del Dinis (Rey y esposo) y que es lo que me pasa a mi cada vez que vengo a leerte, boca abierta y saliba sin control. Sigue Sosias, yo te sigo siempre. Salud Francisco.
ResponderSuprimirUn abrazo y un saludo, y seiscientos besos para los dos.
ResponderSuprimirpsique, muuuuaaaaaaaaa. Espero que todo haya ido bien hoy. Dices que hay que esperar, espero informe... ¿avionetas? de colores, mañana, Mata Hari en el sueño de François Miterrand, pajarillos flamenco pop.
Sr. Kai, ja! como me gustas joder, un gin tonic con hielo del Kilimanjaro? Tres también.