
Un sueño maldito propiedad de las cosas secretas que nos pudren el alma y que hasta conociendo el nombre del bálsamo que nos curaría del látigo jamás nos dignaríamos a usarlo en nuestra piel, a untar en los pliegues de un alma turbada, quema y nos hace enloquecer junto a Caronte antes de arder en el río de sangre hirviendo de los condenados, no podemos evitarlo, preferimos el dolor maligno que nos corroe, encorvándonos retorcidos por los celos sin poder despertar.
No conozco a Verónica, y tampoco alcanzo a leer el nombre escrito en ese collar de perro, sé que es atroz y que esas letras están cinceladas en un aquelarre, esperan la carne del animal; sé que Ella es libre hoy y que el ruin no es un extraviado en la noche de perrería, dueña de los cipreses, desciendes al Averno y lloras y degradas el color de un marchito amor regurgitando fétidas enseñanzas de mazmorras. Perro, quizás debo de suponer que la viste con otro, sonriendo del brazo de otro mundo en el que ya tienes vetado limpiarte las patas, otro hombre ¿Cuándo dejaste de serlo tu? Las lágrimas de su rabia, desgastada por los desaires de un ladrador, noches de tus risas.
Ella en el dolor halló la soledad y a ese otro mundo que odias. Sabes de lo que te hablo, conoces muy bien las otras noches llenas de esa soledad, mueves hasta el rabo, quieres pensar sólo en tus noches de ahora, tu soledad. Perro rabioso aplastando su rabo, sentado en la fría noche de la desesperación, intranquilo, el aire mueve ahora sus orejas desnudas, juntando las patas, aberración monstruosa, con los brazos las rodeas, glacial noche de maldiciones, gritos de murciélagos que sólo oye un perro iracundo, cielo negro adulto matando a los centinelas llenos de ojos violetas, la única imagen encuadrada en la luz alterada de la locura es una mujer con aquel desconocido, noches cálidas y sin embargo tan frías en el corazón del perro que escribe en las paredes. El rojo de la sangre en los ojos dilatados, lamentaciones tardías que duelen una madre muerta, amargo duende del laberinto de agua donde juega un demonio infantil, desprecios que alteran la razón perdida aullados por diez mil lobeznos que desatan tu mente, perro acorralado por un vértigo que debilita tu mundo ¡Verónica! protesta el viento; ciego, segregando la baba del ridículo de los enfermos, oyes las risas de todos los que rieron contigo, ríen su libertad y tu torpeza, se ríen de ti porque los hombres hicieron suyo el reino de lo grotesco; lloras agriamente que ya no esté en la seguridad de tu cama mientras sales a la jarana de perfumes, a reírte, miserable perro, yo sé que llorabas tu mierda mientras escribías en la pared blanca frente a su casa
Ella en el dolor halló la soledad y a ese otro mundo que odias. Sabes de lo que te hablo, conoces muy bien las otras noches llenas de esa soledad, mueves hasta el rabo, quieres pensar sólo en tus noches de ahora, tu soledad. Perro rabioso aplastando su rabo, sentado en la fría noche de la desesperación, intranquilo, el aire mueve ahora sus orejas desnudas, juntando las patas, aberración monstruosa, con los brazos las rodeas, glacial noche de maldiciones, gritos de murciélagos que sólo oye un perro iracundo, cielo negro adulto matando a los centinelas llenos de ojos violetas, la única imagen encuadrada en la luz alterada de la locura es una mujer con aquel desconocido, noches cálidas y sin embargo tan frías en el corazón del perro que escribe en las paredes. El rojo de la sangre en los ojos dilatados, lamentaciones tardías que duelen una madre muerta, amargo duende del laberinto de agua donde juega un demonio infantil, desprecios que alteran la razón perdida aullados por diez mil lobeznos que desatan tu mente, perro acorralado por un vértigo que debilita tu mundo ¡Verónica! protesta el viento; ciego, segregando la baba del ridículo de los enfermos, oyes las risas de todos los que rieron contigo, ríen su libertad y tu torpeza, se ríen de ti porque los hombres hicieron suyo el reino de lo grotesco; lloras agriamente que ya no esté en la seguridad de tu cama mientras sales a la jarana de perfumes, a reírte, miserable perro, yo sé que llorabas tu mierda mientras escribías en la pared blanca frente a su casa
VERONICA PUTA BARATA
No conozco tu collar ni quiero que se te vayan las pulgas del pelaje; ayer, una mujer ya mayor, quizás la madre de Verónica, borraba avergonzada tu infamia, y ya pasó y ella vuelve a ser una Ondina libre en el mar dulce... no siendo así para ti, eres débil, no te querrán ni los espejos, en el aquelarre lograré leer tu nombre; hasta el día que ardas… PERRO.
No me atrevo quitar la B
ResponderSuprimir¿te gusta? mañana la subo allí. Voy a terminar alguno más. Adormilada, bien, quiero que descanses, quiero sentir que estás bien amiga mia, un beso Psique.
Bueno, lo subo ahora alli. Dime qué hago con la B -si quieres copio y pego alli, sin B. jajajaja un beso chochona.
ResponderSuprimirToma ya intensidad y colérica lluvia de improperios. Aún me cuesta digerir los ladridos de perro iracundo que han despertado mi pulso ajado y adormilado.
ResponderSuprimirTerrible anatema de celos con que has vestido una pesadilla, más que un mal sueño. Y sentencia final condenatoria, Verónica puta barata, muestra del fracaso personal, del desierto en que ese perro sarnoso se siente inmerso. Egos encendidos de propiedad sin más ley que la del tirano y más realidad que la de ser servil ante una plena descarga de adrenalina
Así te habrás quedado, sin adrenalina alguna, en este vómito de intenciones.
Alucinado me has, hasta el hipérbaton se me ha sublevado y aquí lo tienes...
Muy fuerte este enloquecimiento junto a Caronte en pro de lograr el camino raudo al Averno. ¿El perro no sería Cancerbero?... No sé, desde luego sí parece un llamar a las puertas del infierno
Terrible, mi querido Francés, como escupes tus oníricas fantasías.
Mi aplauso de nuevo, pues desde luego, no es indiferencia lo que texto así provoca
En vez de un café, esta vez ¿me invitarías a una tila?. Pues venga, a por ello
Besos sorprendidos.
he leido en tu basilica algo tan bueno que no puedo ni imaginar lo que me inspira, te debo un texto, lo saco de ahí, de tu confesión. Buenas noches, un beso.
ResponderSuprimir¿lo has leido en el Angel? jajajaj--que mala eres, es como decir agua, a estas alturas ya sabes.
OK
ResponderSuprimirMagistral.
ResponderSuprimirBesos.
Verónica se marchó sin mirar atrás. Al salir de su casa aquella mañana leyó la pintada, VERÓNICA PUTA BARATA, y pensó para sus adentros: "lo que tu quieras... pero libre"
ResponderSuprimirSi algún día decido tener otro hijo tendré que dejar de venir ... ya sabes.
Un beso, Francisco, hoy me has llegado.
buenos días francés sureño, le he dejado a enlabasilica un enlace de un texto mío que es parecido al de ella pero en bestia, jejeje.
ResponderSuprimirsi quieres te lo puedes leer.
Este te lo he comentado en el otro lado.
un beso
http://www.librodearena.com/post/lalolasevaalospuertos/matame-quiero-morir-de-tu-mano/65193/8654
Casa de los espejos rotos, cómo me gusta, cómo me gusta multiplicarme y estar allí y aquí, porque aquí podría decir otras cosas, podría decir que hay seres llenos de parásitos que sacuden por doquier como si fueran perros, parásitos que se agarran a las paredes y pintan con la ira que chuparon palabras infectas de rencor. Los parásitos los convierten en enfermos. Dan miedo. Podría decir eso, sí, pero mejor te diré que voy a leerte hasta que se me caigan los ojos y las gafas se me llenen de sangre. Pura literatura Gabacho. Salud Francisco.
ResponderSuprimirEsperanza, gracias. Me tienes maravillado con tu mundo. Estoy alli en breve. Besos corazón.
ResponderSuprimirArtemis, tu me llegas a diario, me sanas, tus versos me llevan rio abajo y sin remos, y me gusta. No continuo que las puertas han subido de precio, un beso, Diosa.
ResponderSuprimirMarinera amiga mia, lo que leí hoy tuyo, la pluma mágica, me ha dado alas, mi mente quiere historias de ese nivel, me callo también ya, anda, dame un beso, que no los vendo en piedras de oro, me los quedo.
ResponderSuprimirLos bichos se acuestan con bichos, cuantas veces te lo he dicho, no vayas sola al campo que hay muchos bichos... a mi me encanta también que te multipliques y que dejes correr esas letras tan grandes que en tinta me llegan. Quiero reir Sr. Kai, y me gusta reir contigo, deje lo que quiera, y si puede ser, frio. Salud, bendito amigo. Buenas noches.
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