
Adelanta la imagen a una voz en off pendenciera que repite miedos aletargados y a la que nadie ya presta atención; bullicio, desorden y cocheros de caballos desdibujados en los pescantes, lacayos que saltan y abren ceremoniosos las puertas que engullen a las prostitutas de talco, sin perder ripio las señoras achacosas de dinero, dolientes de envidia aprietan los brazos de los esposos abstraídos en cualquier liga de unas piernas que besaran “aprés” descubiertos, se destapan con el sombrero saludando al caballo menos agraciado, con luz artificial el descaro ejerce de rey y le devuelve el saludo alguna puta guapa millonaria en escarnios y babas, guiña un ojo sonriendo a la marquesa y se relame el lunar en el hombro del dinero, pasos apresurados… otro coche y otra ventana, un escritor mira a través de ella a la Notre Dame y escucha una historia de los gárgoles que escribe en un pergamino giboso y usado, empiezan las letras con un asesinato cruel y el pintor quiere beber aguarrás del pecho de su madre ¡No llores Toulouse, cierra la puerta sin mirarla, parpadea, te esperan! Sabes que esta noche Medusa la Gorgona te servirá el licor secreto de los humillados, el dulce Nézuttass, ella apagará al loro que habla bocabajo, arrasará no pocas iglesias de piedras de carborundum y estará contigo el resto de su vida.
La noche, al igual que los pasos de Toulouse Lasombra, estaba metida dentro de un tacatá en un callejón, se movía buscando al día, en el mismo balanceo que la silueta del pintor buscaba a su inseparable, miraban los dos para arriba como si de un acto reflejo se tratara y no viendo la luna, nervioso como siempre acomplejado, con el sirimiri húmedo gestual en la boca a punto de vomitar, un oui non continuo, enderezaba la mirada y evitaba a los cuervos más negros del Paris de las marquesinas en donde comían las hierbas amargas, no volaban de noche, observaban; Toulouse sonreía, Quasimodo le miraba, le dejaba a Paris otro heredero deforme, universal… Y Víctor Hugo mira a Quasimodo, Frollo ya se ha ido y las campanas proponen un ángelus nocturno, absenta y bragas en las puertas de Notre Dame, las farolas hermanas de Piaf dibujan una estrella naranja en una torre cercana del puente sobre el rio escamado de bruno grisáceo, ya es el heredero del Jorobado, se llama Lautrec, pintor y saltarín a cada paso; andando se mira sin ladear la cabeza en los cristales de los escaparates, lleva un sombrero negro y una sonrisa en los labios que Lautrec no quiere perder de vista ya que le inquieta que no vayan en la misma dirección el reflejo y el saltarín de piernas que se toca el bombín y mira para confirmar, los anillos muertos asoman en el sombrero, soy yo se dice con la mirada, mueve los labios sin muecas delatoras, desboca sus miedos en una conversación con su partner de cristal de sombra, le acusa, mancilla y hasta se ríe de él, Toulouse mira a Lautrec, sonríen y la ginebra pide discreción saludando Lautrec a dos morfinómanas que anoche durmieron con Él, recuerda que no se dejaron tocar, reían?… pero ahora ríe Lautrec, va a encontrarse en la puerta del Folies Bergére con su sosias Toulouse, con su verdadero yo, escrito por una Hereje en un parque de Montmartre.
De verdad que no se de donde coño sacais el tiempo para escribir tanto y tan bien. Vuelvo mañana para leerlo con calma y te comento, ahora no hay tiempo... sábado... lo leí corriendo y me quedé con ganas de una lectura como se merece.
ResponderSuprimirUn beso
¡Maravilloso!
ResponderSuprimirMe puedes.
A la de las mil palabras en cada rincón, a la de los vocablos en las aristas, a la impenitente de las palabras constantes y rima presta a pluma abierta... a esa la has dejado sin palabras, en un mar de letras yermas.
¿Qué podría decir que no mancillara el torrente de elocuencia y delirio de tu mano?. burda sería cualquiera de mis intentos de emular tu prosa resuelta y decidida, tu imparable verborrea y tu torrente de fuerza. Cualquiera nacería Toulouse por ser luego recordado con tu tinta. Le has curado hasta su Picnodisostosis con tu prosa.
La Hereje relató a su sosias, tú, al más profundo Quasimodo. De gárgolas o furcias, en un noche de estrellas en el cielo de Paris. Sentada en Monrmartre, observo como evoluciona en una danza grotesca, y como se pierde en los callejones que lo llevan a lupanares... Brillará con luz propia en sus tables e inmortalizará el glamour de sus putas y el lujo y lisonja del cabaret.
Que suene un piano, al ritmo de su paso corto y de la danza de esas francesas de la noche y del amor.
Gracias, gabacho, por la estampa.
Un beso certero, en el centro mismo del alma que mueve tu pluma
¡Chapeau!
coño francés te hs puesto las pilas, en cuanto pueda te leo, al final hoy me pa pillado el toro
ResponderSuprimirUn beso
genial F.
ResponderSuprimir...una tortilla francesa con toda la sencilléz de sus componentes inherentes y con un resultado sencillamente sabroso,...Toulouse, el deforme formador de imágenes de la Belle París empapada en absenta como bien describes. El Cartelista.
Un abrazo!
No falta nada, Toulouse, el absenta que no falte, Quasimodo, Víctor Hugo... hasta Piaf, ha venido a visitar tu francia. París ya es una ciudad bonita sin tu ayuda pero contigo adquiere una dimensión extraña. Un beso, Francisco.
ResponderSuprimirUn saludo para todos. Mirad la hora que se me ha hecho, son las cinco de la madrugada, mañana os contesto, pero gracias de antemano.
ResponderSuprimirBueno lo he subido al libro, al menos os ahorrais comentar alli, ya estamos aqui. Buenos dias.
Llego tarde, lo sé, ya todo está dicho. Yo es que los fines de semana vivo y como hombre no puedo hacer dos cosas al mismo tiempo. Menudo cocktail Molotov te has montado. Arde Paris mientras Victor Hugo le da palmaditas en la espalda a Quasimodo. La sombra de Toulouse que todo lo ve. Las putas que con un guiño en la mirada le dicen a los de la chistera "Eh, tú vomita la liga que te comiste ayer" Absenta y arguilas, lo dicho arde Paris. Enorme. Salud Francisco.
ResponderSuprimirNi de madrugda ni de mañana me pongo al dia. Os deseo lo mejor, me gusta que me leáis por los buenos comentarios que haceis, es increible, creédme cuando os digo que me los leo del tirón muchas noches, sin leer el texto, leo lo que escribis, me encanta, critica o felicitaciones, me da igual, yo me echo un cafecito y enchufo a los planetas y me dejo ir, después escribo, me inspirais, mancha de amigos, que eso es lo que sois. Besos y abrazos, ahora estoy escuchando a Pato fu, -joer- que cosa más buena.
ResponderSuprimirQuizá la razón por la que me transportas directamente al fondo de tus relatos como un personaje más, es porque me imagino las cosas tal como tu las describes tan magistralmente.
ResponderSuprimirExquisito como de costumbre, se me acaban las flores para el escritor.
Un beso enorme Esperanza, estoy encantado de que te guste. Gracias por venir a leer y por tus ánimos. Buen fin de semana.
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