Probándome, me mide, sonríe, ajusta, se agacha, es su trabajo. Me acuesto con su mujer, yo lo sé, Él no. Charlamos durante un rato, yo le miro fijamente, estudio su forma de mirar, sus protocolarios ademanes, es muy educado, busca agradar. Voy estudiándome a mi mismo cuando salgo de allí, debo de ser disímil, desemejante a Él por completo.
Dos días más tarde llega mi traje a casa, negro, cachemira delicada, opulencia en los gemelos. Ve lo voy poniendo en un casi ritual de regocijo, causándome gusto al entrar la manga. Llego a mi cita de las diez, a su mujer le encanta mis trajes. Ocultos, me da un beso.

Por segunda vez lo leo y me encanta de nuevo. Sublime!
ResponderSuprimirUn texto que sorprende por su tratamiento conceptista. En tí, desde luego, todo un descubrimiento.
ResponderSuprimirEl culteranismo es común en tu prosa, llegando a rizar el rizo de la cábala literaria hasta límites casi imposibles, hoy dejas un texto sencillo, olvidado de adjetivaciones ambiguas. Aún así, tu personalísimo estilo se esconde tras cada letra. Destilas originalidad semántica en tus trabajos, siempre acompañados de un vasto declinar de vocabulario. HOy te abres a un horizonte más preciso, donde los malvas son malvas.
Divertido texto donde la propia sencillez de la exposición lo hace atractivo al máximo.
Felicidades una vez más, por esa pluma prodigiosa que atesoras.
Un beso tierno.
Excelente como los anteriores.
ResponderSuprimirTengo que sacar tiempo para leerte con pausa, no se te puede pasar pagina con simpleza. Tienes un relato complejo.
Besos, feliz Marzo.
Parece como si el blogger fuera una extraña casa de los espejos que reflejara matices que antes no percibíamos. La historia del sastre cornudo esmerado en acariciar el cuerpo con su talento para que envuelva la piel del amante de su mujer, me conduce ahora a la duda de si por ignorancia o por resignación se esmera en el trabajo de vestirte para que al menos ella toque algo suyo. Un placer volver a leerte aqui donde se asientan los apátridas. Salud Francisco.
ResponderSuprimirQuerido Sr.Kai ¿Cree usted que debo cambiar de sastre? No lo pienso más ¡Matias (le presento a mi mayordomo, sr. Kai) deme el teléfono por favor, necesito trajes nuevos...jajajaja. Un saludo amigo mio, voy a sentarme a la mesa y después tomo el café en su casa. Un abrazo, eres increible.
ResponderSuprimirSr. kai, bueno a todos, os dejé un poster de mi resaca con cigarro, todo un vampiro de serrín, está por debajo de contadores y blogs, para que sepáis al menos con que clase de bicho estáis hablando. un saludo a todos.
ResponderSuprimircaballero, es usted un cabrón que se aprovecha de su fiel estilista cornudo , si , dicho sea de paso.
ResponderSuprimirno estudie, un cabrón en nada se parece a un cornudo, jejejjjejeje
Un beso.
Cada dia me gustas más. ¿Está listo mi traje, caballero? Marineraaa.
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