CLÉO DE MÉRODE.- Primera estrella (vedette) del Folies Bergére de Paris y modelo del escultor Alexandre Falguiére y de Henry Toulouse-Lautrec.

La señora Bisel Genpual la despidió en la puerta mientras recibía a otras dos nuevas clientas, dos bailarinas que Cléo reconoció del Moulin Rouge.
¡Qué bien perfumada! cuello de cisne y una hermosa cabellera de color negro que llevaba siempre peinada de la misma forma, en bandós (con raya en medio y recogida en un moño bajo, tapando con la onda del cabello ambas orejas) y a veces un sombrerito. Hoy Cléo llevaba puestas unas gafas de cristales negros y de armazón metálico blanco, quizás sujetada con horquillas, la leyenda negra que la acompañaba, decía que llevaba ese peinado para ocultar que tenía cortadas las orejas, por una supuesta infidelidad a un rey (cuando realmente no llegó a estar relacionada con él). Por supuesto que no tenía las orejas cortadas, simplemente le gustaba peinarse de esta manera y resultaba bastante favorecida. Un tul celeste al cuello y un traje azul cielo largo hasta la punta del zapato negro, con encajes en dorado muy oscuro en los puños, un cinturón ancho de tela rígida negro, los guantes, por supuesto, blancos; todo, del primer modisto que puso su nombre en una prenda de ropa, el inglés asentado en Paris C. Frederick Worth, que había recogido el exceso de tela de la parte de detrás de los trajes y reducido la crinolina, cayendo el traje plano por delante, y como apasionada seguidora de las últimas tendencias que era, Cléo parecía vestida un reloj de arena con sombrero azul, con la cintura muy ceñida y la exuberante parte superior y la inferior. El ritmo del día empezaba a cambiar al igual que la luz ya no era de la mañana y alguna dictadura que mantenía en secreto llamaba poderosamente, recomendando espasmos, estrujando su cuerpo, el escándalo provocado por su escultura desnuda templaba las aguas del Sena, que les den: Cléo era ninfómana. Ya lo he dicho, ella no lo consentirá, pero es demasiado tarde; los reveladores calambres ahora dan un pasito y tornándose duros tendones le empiezan a estrujar el corazón y la libido la empapa como el vino derramado en una servilleta. La mente desconecta de la normalidad y todo se enturbia, el deseo abandona a la pasión y como un diábolo sin control, cae en las simas más oscuras. Le resultaba imposible concentrar las ideas mientras que el deseo se iba imponiendo, la enfermedad necesitaba más oxigeno para ser dominada y al no quedar más existencias para ella ni en el cielo ni en el infierno, la chica decorada con aquel traje, se entregaba al desenfreno, los hombres la deseaban ¡ignorantes!
Cerca, en la rue Tiquetonne, un capellán de la orden del Misterio en los Milagros, dominaba una sotana descolorida con una mano mientras agarraba con la derecha el hombro de un imberbe jovenzuelo vestido con aires aristocráticos, de negro y pantalón pitillo del mismo color, camisa blanca con chorreras en los puños y cerca de éstos, un montón de papeles y dos libros posados en una rodilla. Rimbaud fumado, caliente estreno de adormidera, no entendía ni quería, el oficiante del prostíbulo en sotanas le llamaba marquesito _no puedes entrar aquí, le apretaba el hombro_ mira hijo, debes marcharte; las sombras de los libros se llevaban al intacto poeta, asistimos al descenso de los remordimientos que fraguó el disparo loco de Rimbaud, sociedad vaga, moralidad impuesta de un clero universal loco, prisioneros del poder, y Cléo recorría con nuestro maestro los pasos de la masturbación desde la otra esquina de la lujuria, no podía tocarse la entrepierna, las ninfómanas arden y cuando terminan de arder quieren más, rozando a los cuerpos agónicos, doloridos de sexo, quieren su fiesta privada, fiesta difícil de encontrar; la señorita de la ópera buscaba su cabaret en el marquesado del capellán… _ Entre usted madame ¿una copa de vino?... _¿dónde están? déjeme de vinos canónigo, predicador loco, habló usted de siete… ¡vamos! … _Pase, están arriba, ya está todo preparado, ¿Marcos alemanes? Gran banco, sabe usted de mis debilidades, mi deseada mad… _¡Cállese maldito redentor de los meados! Recoja sus monedas y cierre las puertas de su lúgubre antro. Cléo abrió las puertas de las siete lozanas, jóvenes bombones lésbicos que preparaban para ella su desenfrenada fiesta privada mientras que Paris caía en un ocaso de poemas, en un Rimbaud sátiro y eterno.
Manda leches, francesito.
ResponderSuprimirEmpiezas una descripción detallada e insustancial pero encantadoramente bella que va anunciando que las letras se revolverán. Y se revuelven, no podría ser de otra forma.
Lo sacrosanto no sólo me persigue a mí. Anda que no tienes tú delito de los que no obtienen dispensa papal
Un esbozo de pecado bajo faldas negras que permiten la holgura a un invitado erecto y lascivo ávido de mieles y vaginas. O bueno, si comparte papaverácea, puede compartir sexo incluso con el impúber. SEguro que el jovencito provocaba su lascivia.
Y cléo, en una fiesta de orgasmos lésbicos se perfila como dama concupiscente y deseada.
Las noches de Paris tienen mil ojos y observan al menos, mil camas. El Folies Bergére no oferta damas de segunda, seguro que ese reloj de arena exhuberante tenía la suficiente luz para eclipsar otras damas y provocar el acceso viril a los caballeros.
Fantasías de encajes al vuelo, fermentos de nutricios unguentos y perfumes y cuerpos buscando cuerpos.
Las noches de Paris tienen mil manos, y buscan en mil camas los mil cuerpos donde posarse y atronar tempestades.
Brutal tu dama del cabaret esta tarde.
Me rindo ante la evidencia de tu tal superioridad literaria y de la demencia lúcida (valga la paradojo) que te adorna y te acompaña.
Vamos, no te aplaudo mas, porque hasta se descarnan mis manos.
Eres la hostia.
No pares, por favor, no pares nunca
Te beso los ojos, que los manengas siempre abiertos y prestos a regalarse.
Mil. Los besos.
Hola Psique,lei en tu blog que mañana sabrás más, bien, ya me cuentas, un abrazo para todos los tuyos amiga.
ResponderSuprimirLo queria subir alli pero hoy la tarde está de llantos, el 11 tiene a la gente mal y yo la pena prefiero sufrirla en soledad, no comparto mucho los llantos, prefiero sacar la rabia.
Lo sacrosanto está enlabasilica, yo entro y me apodero de lo que no es mio, lo sabes, al caer la noche la piedra se disuelve en sangre y mis manos, herramientas de sangre roban un espiritu, respiro letanías y reparto juicios que tu dejas pendientes. Al oler los rayos del sol te dejo las sentencias, y ahora leo tus letras y sonrio en la piedra lo que esta noche escribiré, "fermentos de nutricios"... por favor despiertame antes de irte. un beso.
Es un placer escribir y leerte, otro. Maravilloso comentario, un post por favor... escribe, condenémonos¡¡¡
Eres tú, francés, el que me suelta la pluma, lo sabes. Si tu escribes, yo lo haré porque nunca antes unas letras me habian motivado tanto
ResponderSuprimirMi éxito o mi fracaso es tuyo.
Y róba mis piedras, como robas mi ánimo. YO acaricio los resultados, y me los bebo como dulce jarabe de ingenio
Más besos
Gracias Hereje. Yo quiero que tu quieras y voy para que tu vayas, pero no temas y escribe, tu éxito será tuyo y tu fracaso será mio ¿ves que no temo a nada de lo que me pueda ocurrir? Pues igual te quiero, desafiando y logrando, confiada y resolviendo galimatias, tu próximo desafio llegará a buen puerto y si quieres, estoy aqui para lo que tu me digas, pero tu, jodia, escribes lo que me dijiste entera, como que me llamo Ernesto ( a propósito, a ver si me leo tu Ernesto, que cabeza tengo mas mala)
ResponderSuprimirY lo del Tou.. es el texto lo que te mande, el mio, intentaré acabarlo este finde. Un beso, nunca creí yo que iba a dar tantos besos en mi vida. sonrie.
Escultura que mueve sus ardores pecaminosos, cura venido a meretriz de cuerpos cansado de serlo de almas perdidas. Hedonismo prêt-à-porter, lujuria de alta costura, depravación perfumada y bien vestida, refinada hipocresía. Estas francesas tuyas son un tanto peligrosas. Molan. Ese Vicius es la banda sonora perfecta. El Lou mola más. Salud Gabacho.
ResponderSuprimirSi lo son amigo, creo que la próxima será Mata Hari, el veneno de las serpientes se lo dejaré a otros, la vestiremos de Delacroix y miraremos el Sena. Un abrazo fuerte Sr.Kai. Lou es total, chutas en el paraiso, concierto con cable en el brazo. Buen dia amigo.
ResponderSuprimirLa ostia monsieur, has puesto un Denunciante de contenidos en tu propio blog!!!!!!!!!!!!!!
ResponderSuprimir¿Filtras los mensajes?
Wuauuuuuu, fijo que no paso la censura. esta sí que no la esperaba.
Damanalop!!
Cléo era bella entre las bellas. Escoges bien, Francisco tienes buen gusto, aunque eso lo daba por hecho. Me gustan tus francesas y me gusta la vida que les inventas para rescatarlas del pasado y devolverles algo de luz. Me gusta como entremezclas retales de historia en tus relatos. Envidia de la mala me das, no hay otra clase de envidia, el que te dice sana... te engaña, le corroe.
ResponderSuprimirBesos x 8'5
BOTITAS NEGRAS, es asi, por el spam nada más. Si te hice esperar, perdón, tengo el ordenador hecho una mierda, me lo han formateado y un antivirus me está dejando KO algunas funciones, comento hasta mal, espero no te enfades, mañana intentaré recuperar mis mails. un beso.
ResponderSuprimirArtemis, me alegro que te gusten las francesas, creo que sabes que son mis preferidas, al escribirlas me divierto, tengo que leer sobre el Paris del XIX y eso me gusta, paso tardes enteras con esas lecturas. Después escribo una fantasia y si te gustan, me siento bien.
ResponderSuprimirVendrá Mata Hari o la Bella Otero después, espero que las leas y te gusten. No creo que las suba allí, no creo que gusten, la primera parte la subí y no la leyó más que cuatro, asi que me las quedo para nosotros.
Si supieras la envidia que me dan tus versos, cómo me gustaría poder escribir un poco en verso, pero no, no me atrevo. Si es mala la envidia pues que la sea, pero yo quisera escribir tu sensibilidad. Un beso enorme Diosa, buenas noches.
Tal como la describes, me pone cleo jajaja.
ResponderSuprimirPero ahora en serio, este relato me ha fascinado, descripciones detalladas, sutiles, elegantes. Y para cerrar, un final además de oscuro y vicioso, estimulante...
Fascinante. (Tengo que leerte a estas horas porque es cuando estoy más lucida, necesitas toda mi atención)
Bueno, te leí gabacho, no te voy a comentar, ¿para qué?
ResponderSuprimirTú al final también tedrás que echarle la soga al tuo ego, jejejeej
Me gustaron los tres, me gustaron las peleas pseudo literarias entre psique y tú, jejjeje, casi tanto o más que tus textos.
Vais a acabar secos los dos, y yo sin ojos de leeros.
Besossssssss