sábado, 21 de febrero de 2009

LA PEDIDA DE MANO




Carta de un amigo del Norte palimpsestada poco después de levantarse de la cama tras una noche de muchos nervios. Para ahorrarme problemas de última hora, a mi amigo le llamaremos Peter Parker: la insólita y novísima petición que mi hijo ha ahincado a la madre para cuando le traigamos un hermanito nuevo. Peter, ya para siempre, me escribe cartas para contarme las cosas importantes que le suceden. Yo le llamo por teléfono, ya que escribo con menos fluidez que él y mi monótona vida no se ve irrigada con peripecias como la que a continuación posteo.

Amigo, querido amigo
Recordarás que te comenté en la primera semana del mes pasado mi decisión de pedir la mano de Anna: fue ayer. La tarde era espléndida y mi estado de ánimo buenísimo, así que me dí un baño de sales y me vestí con mi mejor Armani y mi reloj de oro S.T. Dupont que encontré en un tiroteo. Para evitar retrasos, con el tráfico nunca se sabe, a las cuatro ya estaba parando un taxi con la botella en las manos; subí en el coche y di la dirección de mi novia, me acomodé y me puse el cinturón, el taxista puso la radio y el sol radiante me bañaba la cara, seria un día para recordar. Las noticias hablaban de una banda de narcos gays que se dedicaban a atracar en las tiendas de modas y complementos más elegantes de la ciudad ¡que risa, que contentos se van a poner mis amigos gays cuando vayan al rastro! y yo, claro, que por supuesto iré con ellos. Miré mi reloj, miré el reloj del taxi y luego al tráfico ¿poco tráfico, no? Pregunté al taxista. _Si poco, pronto llegaremos a la dirección que me dio, veinte minutos. De acuerdo, le dije. El trayecto de cerca de dos horas en un día normal, repleto de tráfico habitualmente, hoy no llegaría a la hora: demasiado pronto iba a llegar yo a la cita. Llegamos y no se me ocurría andar por ahí con la botella de Vega Sicilia del 95; no y no, así que decidí subir.

Entré en el piso, estaba la puerta abierta, quizás me vieron subir, pensé. Era un piso que siempre olía a flores frescas y a riqueza decente, si es que existe tal poderío. Un pasillo recto y muy largo con cuadros muertos colgados que conducía, evitando las puertas laterales, a un salón grande lleno de artilugios que solo los ricos miran más de una vez: Anna, An… llamé y nadie contestó, dejé el vino dentro de medio orbe de madera en el que la otra mitad servía de tapadera y salí del salón. Llegué a la habitación vacía de Anna, cerré la puerta y en la angostura que conduce a la cocina repetí su nombre pero tampoco contestó nadie, volví al pasillo de las tumbas, levanté un poco la voz y me dí cuenta de que me contestaba ese silencio de las casas cuando están solas, entonces se me hizo enorme aquel piso, no encontraba la salida, como aquel libro de arena que Borges tuvo en sus manos y que no tenía ni principio ni final, ninguna salida ninguna entrada, decidí quedarme allí. Me entraron ganas de miccionar, lo que hace el miedo, de mear amigo, de mear, y recorrí de nuevo el laberinto hasta el cuarto de baño, abrí la puerta y… perdón ¡uy! Mi suegra sentada en la taza del wc acariciando su pubis lleno de un poderoso vello negro, me miró, yo no, yo miré donde no debía y cuando soltó su clítoris, éste me hipnotizaba saliendo de su capuchón; agarrado a la puerta ya me estaba retirando debilitado, ansioso, puesto, confuso.

Regresé al salón y con las manos bailando, con las ideas amontonadas, sin saber que hacer ni con unas ni con las otras dos, sentí que llegaba Mercedes, oía sus pasos acercándose y me parecían cañonazos, como un gatito cuando oye estallar unos globos, sin poder levantar la cabeza ¡qué vergüenza! Mirando abajo, arriba, indefinido, abajo de nuevo, vi sus zapatos: he estado llamando y nadie me contestó... ya, dijo. Hoy casi me coges, bueno, me has cogido haciendo eso. ¿Qué estabas haciendo? Pues eso ¿Estabas orinando? No. Ah! te estabas limpiando. Psss..... Tampoco ¿Pues que hacías? Pues hacia eso.Vale. Yo llamé y nadie me contestó, quise ir al baño y…lo siento. No debes de preocuparte por nada ¿quieres una copa? Si, por favor, un vino mistela frío; toma y me dio sus bragas blancas de seda, delicadas, se me cayeron de las manos intenté cogerlas pero demasiado tarde, volví a mirar hacia donde no debía y allí estaba aquella mujer de cincuenta años, morena Ava Gardner, con un cuerpo voluptuoso, libidinoso como su cara, de esas que arrasan con la prudencia de los hombres y los vuelven locos; sus hermosas piernas ya entreabiertas y su monte de Venus negro como el azabache, el sexo vibrante; el lascivo vientre ligeramente abultado, los sensuales pechos redondos y turgentes, con los grandes pezones sonrosados; sus ojos oscuros encerrados en una selva de largas pestañas con la mirada llamando a la lujuria y, su boca, esos labios carnosos, grandes, que me volvían loco, copia exacta de los de la hija, me olvidé de ella, de Ann, mi ex dulce Anna. Cuantas veces te he dicho amigo mío lo mucho que la deseaba, que las señoras mayores son mi perdición, ya lo sabes ¿no? Pues lo son. Empiezo a quitarme la camisa, para hacerlo cuanto antes, me la saco por la cabeza, los botones abrochados no me lo permiten, empiezo a asfixiarme e intento tirar con más fuerza, no puedo, tiro más y casi ahogándome, empapado en sudor, ¡me despierto!

Fue así como desperté del sueño, amigo mío, hace apenas veinte minutos, y con un gran dolor en el pene casi temiendo que se me partiera ¿Se puede partir este músculo? Creo que si, bueno, necesito una ducha, esta tarde a las siete en punto es mi pedida de mano a los padres de Anna. Un abrazo.

PD. Te contaré la verdadera historia la semana que viene, no quiero reírme.

8 comentarios:

  1. Jojojojojojojojojo...(EF)

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  2. mira que me da rabia no poderte leer ahora... más si veo que se rie Emilio


    Besito.

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  3. ¡Cómo escribes!. HOy, menos camaleónico que otras veces, dejas un relato fluído y divertido, muy divertido. Menos giros intimistas -no puedes evitar, de cualquier forma, un guiño a tus circunloquios- que dan más agilidad al texto y le confieren un aire ligeramente distinto, más fresco.




    Sueños húmedos, sin dudas, los de Peter. ¿Sólo los de Peter?.

    Divertida la falsa inocencia de la buena de la señora; divertida, imagino, la ruborizada cara del hombre.

    Me estoy riendo, aún me estoy riendo.

    Gracias por escribir.

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  4. ¡Joder! Sólo imaginarme a mi suegra así me da un mal rollo que voy a tener pesadillas un mes entero, claro que mi suegra tiene 85 años y su memoria y sus turgencias son todo la misma cosa. Vale, lo compensa con la mala hostia. ¡Que bueno Francisco! Esa suegra cachonda, esa Anne Bancroft en el graduado, es un icono de mi juventud y la de mi generación. Soberbio Francisco. Salud amigo.

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  5. jajajaja..Muy bueno, tremendo, me has echo reir. Dale un saludo a tu suegra, en fin, nosotros somos asi, jajajajaja, Sr. Kai, pronto está lista la verdadera pedida de mano, sin sueños, en el pisito también, espero que te guste. Un abrazo fuerte.

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  6. Genial Francisco, empezando por la foto que te pone en situación.
    Te iba a decir que espero impaciente la verdadera pedida, pero no, lo cierto es que esto es insuperable, jajaja. Me quedo con esta tan... onírica.
    Un beso, me gusta esta tu otra casa.

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  7. Mi reloj lo encontré en un tiroteo... el chaval, jajajaja.
    pronto termino la verdadera pedida, espero que te guste tanto como ésta. Los besos X2=6.

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  8. Gracias a ti psique por leerme tanto. Yo ya no se decirte lo buena que eres escribiendo tu, pero lo hago otra vez y por favor creéme. Saludos

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Al hipódromo. La metralleta también.