viernes, 20 de febrero de 2009

DOLOROSA COMPULSIÓN




Con la última inexactitud, muy cerca al despropósito, del hombre del tiempo de la cadena de TV en donde tenía por costumbre informarse de estos menesteres por más que desbarraran, le había cogido en mangas cortas un frío siberiano cuando su informador había asegurado la llegada de una ola de calor capaz de secar los charcos, que hasta sin calcetines salió, Él, que sufría calenturas africanas con solo coger frío en una corriente de aire termal, así que estornudó y empezó a irritarse. Salió de casa por no padecer uno de esos días en los que su mujer pareciera disfrutar brindándole hurgar en grifos y mirillas de puertas arriadas en suerte, regado todo con música de los Bee Gees (odiaba el falsete) a toda pastilla, que mientras ella parecía entrar en un arrobamiento o embeleso místico, a él se le paraba la sangre y al quedar el cerebro sin riego temía cometer una locura por lo cual salía a la calle confundiendo los vientos árticos con tormentas rojas del Sahara. Este día decidió ir a la reunión de exfumadores a la que nunca solía acudir, pues se lo mandaba ella, soñaba poder odiarla, y porque todos los asiduos fumaban más desde que se alzaban como ex; dentro, se tomó tres cafés en un santiamén, y acurrucado en una de aquellas impersonales sillas, que los del tabaquismo considerarían cómodas y cálidas pues pasaban horas en ellas, se sumió en una suerte de agitación o delirio, y que le mandó al hospital con pulmonía del Báltico, llamada así por aquellos lares al enfriamiento repentino y continuado.


EL DELIRIO-- (por uno de los exfumadores al chófer de la ambulancia antes del inminente traslado)
Venía en mangas de camisa, con la que esta cayendo, entró y no saludó a ninguno de los que allí estábamos fuman…, ejem, tomando un café, cosa que hizo él, pero tomó como cuatro en dos minutos y medios, y casi doblado, sería del frío, no lo dudo, dijo el de la ambulancia con el cigarrillo humeándole en la mano; llegó a sentarse en el sillón desde donde empezó realmente a llamar nuestra atención con los sonidos y muecas que se traía entre manos.Se quitó los zapatos de verano que traía puestos y comenzó a frotarlos como si se le fuera la vida en ello, abrió los ojos como platos y chasqueando la lengua contra el cielo del paladar, nos preguntaba si era así como los queríamos de limpios, empezamos a mirarnos unos a otros y fue cuando los lanzó como si fuera un balón al fuego de la chimenea recién encendido, adoptando posturas de lanzamientos en el rugby, todo un cachondo, pensamos, hasta que empezó lo peor, ese desatino en el comportamiento, embarazoso señor, muy grave debe de estar el infeliz. Empezó a viajar por los parámetros del sonido, ora una voz sin pasión, ora a grito vivo hasta asfixiarse, hasta detener el tiempo, llenando el silencio de insultos y de trabajos caseros, como si padeciera el síndrome de Tourette, pero aquello era un rebenchín; ¿Se desmayó en algún momento?, dijo tirando el cigarro. No, no, en ningún momento, iba “in crescendo“, todo un prolijo de la imaginación, deje usted que le cuente: aquello derivó en tics vocales complejísimos, palilalia, aclaró el conductor de ambulancias iluminado de erudición, y en palabras cada vez más obscenas, coprolalia, metió como pudo el erudito en enfermedades del tics: pues si usted lo dice así será, y me llamó, como con un ladrido, autónomo cabroncete, a mí señor, mire usted ¡que trabajo para la compañía de teléfonos¡ En menos que canta el gallo, agarró aquel sillón y lo mordió, encadenó media docena de eructos y con los ojos desorbitados arrojó el sillón contra nuestra mesa, rápidamente ya nos levantamos claro, como usted bien supondrá no sabíamos si reír o salir del salón dejando el diagnóstico para otro momento, en fin, como le decía decidimos quedarnos, y en que mal momento, pues se arrojó al suelo dando resoplidos muy sonoros y dándose lametazos de vaca terminando con la lengua en la punta de la nariz sosteniéndose con una sola pierna temblona y con aquellos ojos cada vez más rojos, lo recogió todo y empezó el discurso.

 Culpaba a su esposa de algo que al principio no se le entendió debido a los cloqueos y por mezclar todo lo que nos oía con su arenga tan vigorosa. Se levantó de un respingo y volvió a encararse con nosotros, que retrocedimos dos metros de un solo tranco todos a la vez, ya que su rostro era de un exhausto insólito, aterrador, miró para la chimenea como un semidios del fuego y fallando al coger los estribos mentales aseguraba que nuestras esposas eran damas de clítoris vagos y otras lindezas; a su mujer, que le acusaba de haberle nombrado rey del destornillador negro-especial para enervar bragas y sostenes, le tributó unos baldones en poesía de un rimbombante que ni Quevedo y que no le voy a repetir ahora por pudor: se encontraron con las miradas piloto y copiloto de la conversación y la apartaron a la velocidad del viento estornudado, los 300km/h. Pensábamos que se tiraba al fuego, cuando se encaminó hacia la ventana con un inesperado ”os dejo, voy ha abrazar a la soleada mañana”, cosa que hizo arremetiendo contra el ventanal saliendo por él con los brazos abiertos, librándose de una muerte segura por ser un primer piso, justamente al llegar vosotros y dejarnos a todos los de dentro turulatos con el último mohín que dejó y que usted podrá ver allí dibujado en el cristal, de éste espantapájaros con pilas que acaban de meter en su ambulancia. Buenos Días. 


Y CRIMEN.

Después de una semana en tratamiento intensivo, salió del hospital dado ya de alta médica dos horas después del mediodía, no entró en el ascensor para bajar debido seguramente a una claustrofobia de ultimisíma hora que venía a completar su esquizofrenia galopante y de una misantropía que ya desplegara nada más expatriar las calenturas africanas ó árticas, vaya usted a saber ahora de que latitud, y que no hubo médico que se le pudiera acercar, permitiendo tan sólo acercarse a su orilla a una enfermera rolliza y correveidile, a la que él veía muy próxima en belleza a la flor de Loto del Nilo, que a base de inyecciones le sacó de la última destemplanza. Escaleras abajo ya iba acezante, casi embriagado con su oscura conjetura que su loquísima cabeza le ordenaba relamerse de puro frenesí al no diagnosticarle los médicos la chifladura ya que siempre pensaron que el rechazo profundo hacia la humanidad manifestado durante esos días sería tan efímero como todo el amor cultivado a aquella marchita flor del loto; conjetura que pronto se convertiría en evidencia al retomar la lectura de su libro de cabecera ”una modesta proposición” de Swift, dónde se sugiere matar a todos los niños de campesinos de Irlanda y aliviar a sus padres y al país de esa carga, que él trasegó en su endeble entendederas hacia sus madres antes de terminar el primer renglón pues comerse a un niño frito comportaba roce humano mientras que el asesinato que lúcidamente maquinaba, dato arto elocuente, no conllevaría ningún trato personal intrínseco, se llevaría a cabo por tirria no por manoseos. Con esto y sin soltar el santo libro, mirando al techo, se embebió en ideas y tramas tan quiméricas que le era imposible encajarlas en el boceto de crimen remendón que urdía y que ya, subido en la lámpara, encontraba a la altura de los grandes criminales de cualquier catálogo al uso.

Despertó de madrugada empapadito en sudor y de un mal sueño en el que abrazado a su mujer, melosos como la miel, rodaban por la hierba fresca riendo, sueño que olvidó escupiendo en la misma cama donde había pasado todo aquel mal rato, que no era otro sitio que” Pensión Riverita” donde las lumis del lugar tenían su casa, de la que salió con su librito resuelto a conquistar la libertad que desde el mismo día que se casó anhelaba, pues fue ese día y no antes cuando se dio cuenta plenamente que su flamante esposa era una botarate profunda que capitaneaba todos sus desatinos hacia la caja de herramientas y a todo montaje contra desmontaje de precisión que él tenía que acometer sin rechistar y no había demontre que la parase, con lo que puso rumbo a su casa, entró, sin que decir tiene, sigilosamente, medio escondiéndose a esas horas de la madrugada, casi levantando más sospechas de llegar a ser visto, agarró la dichosa caja de herramientas dejando en su lugar el libro ardiendo y con silicona pesada selló puertas y ventanas, la casa ardió como si fuera un tanque de gasolina fermentada, ardía a explosiones vivas.

Fue detenido enseguida pues se quedó a ver el principio de su nueva vida, que era más de lo mismo, pues su mujer había abandonado la casa cuatro días antes a causa de un stress supino que le entró por no tener a nadie para cambiar unas cortinas de baño con quince tornillos estriados de berbiquí bien ajustados dos semanas antes y desde la casa de un tío paterno, tornero en sus ratos libres, fue a hacerse cargo del infeliz amarrado en una cama y escuchando silbar las brocas que sólo aliviaba con fantasías futuras dejando a un lado la repugnancia y matándola con sus propias manos.

6 comentarios:

  1. Me lo he leído de un tirón, querido mío. A ver ¿qué te digo?. Es demasiado denso. Hoy, es demasiado denso.

    Quiero entrar, no puedo quedarme fuera. NO QUIERO QUEDARME FUERA, pero es denso hoy, y es muy tarde...

    Yo, que odio el falsete casi tanto como odio a los Bee Gees, me pierdo en una marasma de frases encadenadas... se me cierran los ojos. Mañana. Mañana entro y te comento

    Mientras, un beso enorme.

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  2. Vaya, y yo que lo he leído con una sonrisa ¿cómplice? en la boca.

    Eres un genio.



    Besos.

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  3. Veo que también tú has colgado música en tu blog. Ahora iré a escucharla, a ver si eso me sube los ánimos.

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  4. He estado toda la tarde con un recitado... menudo trabajo me he currado con el montaje del vídeo... lo voy a subir a youtube, luego, te paso el link, me gustaría que me dieras tu opinión...

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  5. Bueno, escrutar intenciones en ésta tu creación se hace toda una Odisea. Y me pierden a mí los cantos de sirena que -no serás un narval o un manatí o un dugon, ¿no?- entonas.

    Me paso las noches en vela, casi ni duermo, abandonada en tus historias... me has atrapado a tus letras. Eres el mejor.

    Un besito suavesito, suavesito.

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  6. Hola, acabo de encontrar tu blog a traves de tu firma en el mio y me parece muy interesante. Te he enlazado para seguirte tambien.

    Un saludo

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Al hipódromo. La metralleta también.