martes, 24 de febrero de 2009

CABARET. francesas fantásticas




Muertas y demasiadas manoseadas por la historia y los geniecillos de la biografías, acometo aquí un homenaje, que no agasajo, a éstas mujeres que lloraron y rieron en cualquier callejón encuadrado en un trapecio de penumbra dibujado por la hampona farola y otras, me temo, por un oleoso candil. Por favor no se levanten de sus tumbas, abjuro ser como todos aquellos que os maltrataron, vagaré por vuestras entretelas más, nunca mencionaré aquí la altura de vuestras medias ni el color de las maravillosas ligas de encajes y ni tan siquiera el contenido de vuestras alcanforadas cómodas; deberéis, permítanme, excusar a mi lápiz de plata encontrado junto al vagabundo aquel del monte en Praga y clon de Hermann, cuando ensueñe como aquel vuestras aventuras, tirado botonadura para arriba y con una brizna de hierba en la comisura de los labios y con la casi siempre puesta, gorrilla de pedir; ahórrense mis damas de apremiar en los detalles, estoy ya alentando al que gratamente habéis disculpado.

(I)JANE AVRIL.- Bailarina del Moulin Rouge y amiga de Toulouse-Lautrec. 
Susurrando la última canción sin estrenar y que aquella misma noche abriría el baile del cabaret, como de costumbre, a las doce en punto con Valentín el descoyuntado que era notario y de noche bailarín, y con la mente en la sombrerería Genpual del edificio Bateau-Lavoir, adonde se dirigía en paseo, con parasol matinal de color rosa palo a recoger su encargo, un sombrerito amarillo con ribetes azulinos y floreado natural en verde silvestre, por la orilla del río, en Montmartre, con el tedio fracturado por la cancioncilla y por el traqueteo de los coches de caballos con sus distinguidos clientes recorriendo los Mont, el Martre y el Parnasse en la otra orilla, buscando seguramente soldarse alguna que otra virtud que el dinero no proporcionó nunca; fíjate ahora que lees esto, que también los hay sin dinero que buscan lo mismo y se les nota más sus deficientes conocimientos conceptuales, no miremos ya los artísticos, que el rico suplanta con obras de arte y con descacharrantes mecenazgos; todo esta diatriba le sacó de la canción, cuando, al mirarse las uñas y volviendo al estribillo, levantó la cabeza y Natalie la Floja, sonriendo de dientes blancos y carmín rojo francés tan chillón como el rojo de la pluma del papagayo; quitándose los guantes blancos agarró el petit parapluie de Avril, le agarró del brazo y echando a andar dándole un beso, ya sabía adonde iba, recogiendo la canción, volvieron a mirarse, sonrieron y cantaron más fuerte al oír un silbido digno de un trapero, claramente dirigido a Ellas… “Si quieres verme bailar así….” Cantaban.
Entraron en el café Lyon, eran las once y media de la mañana, cargadas de pequeñas flores de tristeza y que ahora no miraban, las desechaban, demasiado temprano para la barra de un bar, se sentaron en una mesa a tomar el café, como hacen todas, pues si se trata de café o de té durante la mañana, se formaliza con una mesa y se figura con la mirada llena de finos tules. El edificio del café despuntaba el modernismo arquitectónico y como tal en su decoración, tendencia al uso de imágenes femeninas en actitudes gráciles, casi eróticas en dos de las paredes: una mademoiselle con una piel lanuda al cuello paseando a un esbelto galgo belga y olvidando la ciudad con su paso delicado impregnando de perfume a los ojos que miraban aquella pintura; los cisnes redondeados en la única pata de las mesas de madera y metal, el Trocadero estaba pensado y Eiffel definía su torre, y aquí, uno de los camareros construía torres de nata que luego tapaban con frío, el café servido a las mesas por un maestresala espigado capaz de andar por el filo de su enroscado bigote. Alguien, un galán asiduo al cabaret, detrás de un periódico de sábana pagó la cuenta, a Natalie se le olvidó sobre la mesa un guante.

Desmerece hablar del tiempo de Paris, pero al salir de la cafetería no abrieron el parasol prosiguiendo el camino de la sombrerería: una joyería, una boutique elegante en creaciones exclusivas de tiros largos, las calles llenas de gentes, miraron los sombreros del escaparate de la sombrerería-bonetería del padre de Mata-Hari, Paris era la capital del mundo y la vitalidad se reflejaba en las risas de Jane y Natalie que llenas de ironía, felicitaban a la princesita que emanaba su valioso perfume de carne de niña hasta la noche anterior abandonada tras su puesta de largo, dejándola allí con un duro "aprende que tu papi es el único hombre que no te dejará nunca devastada tan temprano, al alba; retoño, de nuevo serás tu quién lo haga, quién embauques a papá" Ahora salió el sol otra vez, suficiente para estimular el paseo y abrir de nuevo el hasta ahora desde el café Lyon bastón de encajes. Una campana dio la hora del segundo ángelus del día, presagiando la pequeña fiesta, y en la puerta de Genpual sombreros, un serafín de alas arrugadas como pliegues de plumas, bañada en colonia cara que en la vida llegaría a ser perfume y gorda, al señor Genpual siempre le gustaron las rellenitas, y con voz de flauta mora daba la bienvenue a su clienta con una sonrisa llena de dientes pequeños y una sacudida corporal a cada paso de ondas gruesas en el vestido moradito y negro subiendo desde las rodillas hasta topar con los senos pues los corpiños no abarcan esas medidas, abriendo la puerta de madera con un gran cristal biselado con el escudo heráldico de la familia ocupando toda la primera mitad de esta, entrando Ella la primera, pues en su casa, pensaba equivocadamente como en casi todo, podía hacerlo, dejó que la última cerrara la puerta y ya plantada en medio de aquel salón como una madreperla en un broche, salón decorado con gusto exquisito, se presentó como siempre hacía al iniciar el protocolo de una venta, por muy pequeña que fuera, y decir que a los clientes les gustaba este palmario, juntaba los rollizos dedos abarrotados de sortijas pequeñas, como exclusivas para rorros y como todo en su cuerpo se movía al unísono, los ojos empezaban a hablar antes que la voz y que los labios: mi nombre es Bisel, tan pequeño nombre en aquella mujer redonda desconcertaba, se giraba con la excitación de quién canta el aleluya y empezaba el desfile, no ahorro decirles que a éstas alturas nuestras dos bailarinas degustaban el retozo, una silbando burlonamente sin alcanzar el inoportuno ruido mientras Jane le guiñaba un emplumado ojo perfilado con lápiz negro, referencia tan sólo en otras mañanas de prueba de vestuario, acabando en sonrisas y entrando en la chocante danza que se avecinaba. Una puerta guardaba un pequeño pasillo con otra puerta al fondo que se cerró tras de ellas, las luces estaban encendidas y un tiovivo de asientos en forma de los más diversos animales pintado por G. Seurat, empezaba a girar en el sentido de las agujas del reloj con las tres damas ya sentadas en una calesa argentina escarlata. Se apagaron todas las luces del carrusel y una luz blanca empezó a recibir a los diecisiete travestis ataviados con can-can y pintados unos como arlequines y otros con la cara blanca de Pierrot, modelando la nueva colección de sombreros, siendo el último el encargo de Jane Avril que, como no, lució Elvis Laperla, el mejor amigo de las dos y que estrenó aquella noche en su primer baile de la noche que ilustró Toulouse-Lautrec en el póster el "Jardín de París" con sus inseparables medias negras y su flamante sombrero.

9 comentarios:

  1. Es el comienzo de la historia de la que me hablaba, monsieur? O es un complemento bloguero que usted nos regala?

    Me gusta el tema que ha elegido, como enamorada del pais de esa epoca. (De todas las epocas, en realidad)

    Espero que continue!

    Feliz miercoles

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  2. Es el comienzo madame. Espero que le siga gustando. Un poco más tarde le visitaré, vi que publicó. Buen Miercoles

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  3. Me has teletransportado, me has hecho soñar, me he ilusionado, he sonreído, estaba allí.

    Un beso.

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  4. Francisco:
    Ahora ando de visita por aquí, a donde amablemente me has invitado. ¡Qué hermosa entrada tiene El Sueño Nocturno! He releído tus Francesas fantásticas y sigo teniendo la misma opinión: son fantásticas. Caruso nos la habías compartido en LDA y es perfecta para comenzar El Sueño... Seguiré viniendo a visitarte cuando púeda, también aquí. A tu rincón particular, que se me hace muy cálido. Ahora ya sé donde te pones a trabajar cuando no pareces por LDA. Tabula Rasa está excelente; ya te compartiré un poco de música no tan convencional, que también me gusta. Tu post de hoy, ya lo comentaré en LDA. Un fuerte abrazo, amigo. MAPARO55.

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  5. Interesante historia parisina. Aunque me falta familiarizarme con los sitios que mencionáis
    Alucinante historia

    Gracias por pasarse a mi blog y dejar su huella

    Saludos

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  6. Gracia a tod@s. Iré subiendo a mis francesas por entradas, sería muy largo el texto todas juntas. Tengo un especial cariño a éste trabajo, pasear por Paris, buscar datos de la época, sus escritores, imaginar la luz, los trajes, los silencios... todo, me fascina y me divierte; es por ello que os lo agradezco de verdad. Buenos dias.

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  7. No es en el aire donde invoca
    los fantasmas de la noche,
    ni en el infecto carnaval de luces
    o en el tugurio de espasmos y de ardores

    No, no es ahí donde ha perdido
    el aliento y ni donde regala
    suspiros, no.

    Es en el antes y el después,
    en las sábanas de hilo,
    en las manos que se buscan
    y en los humedales -lujuría y hastío-
    ¡deltas de sexo y amor de cuatro francos!

    Un revuelo de faldas y de encajes
    besa en sensuales quiebros el destino
    de unos ojos, de una boca, de una sangre,
    de un cuerpo tullido y una mente enferma

    Fiebres de glamour, tules, gasas y perfumes,
    fiebres de hembras y de machos
    a la puerta de burdeles
    Semen y flujos en la noche
    amores que se venden y se ofrecen.

    Y un sólo guiño, una sóla imagen
    un sólo instante y mil instantes...
    Se inmortalizan los sueños cortesanos
    y en la luz y el color, los pinceles rinden amor en las paredes.



    Feliz noche.

    Y un beso tierno.

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  8. Dibujaste con precisión un París, que muchos imaginamos, me senté en uno de aquellos cafés a observar desde lejos, ausente a tus francesas espectaculares, de ojeras maquilladas y aliento bohemio.

    Si piensas llevarme así a lugares tan apasionantes, también me declaro pasajera eterna.

    PD. Me he apuntado todas las sugerencias, muchas gracias, que sepas que eres el único que las ha hecho hasta ahora.

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  9. Estás en tu casa. Sabes, te lo dije ayer, que me has gustado, eres fresca escribiendo, divertida y enganchas con tus relatos, asi que nos veremos mucho.
    Pues si fui el primero en hacerlo, creo que eso nos une aún más literariamente de alguna forma. Saludos.

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Al hipódromo. La metralleta también.